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los adultos ya no quieren dibujar…
Playa de la isla de Tavira. Algarve. Portugal.
Hice unas líneas a lápiz apenas legibles de las nubes y el horizonte.
En la playa de la isla de Tavira hacía frío y en medio del mar solo había anclada una barca. Que era el foco de atención que me interesaba describir bien. Sus colores: amarillo y azul; eran bastante saturados por eso utilicé los lapiceros de colores acuarelables que guardaba en mi mochila.
Sin pensar mucho, como el que ya ha aprendido andar en bicicleta y simplemente pedalea sin perder el equilibrio, mezclé con mis acuarelas un gris. El pincel libaba del azul, verde y algún rojo para quebrar el color. Lo apliqué al mar, una transparencia tan sutil que el escáner apenas lo ha podido distinguir.
Ahí estaba el fondo de mi dibujo con ganas de evaporarse. Frente a la figura, atrapada en el agua que temblaba a punto de arrancarse a llorar. Y por si acaso el bote tuviera la tentación de darse a la fuga, ya en el albergue, repasé su contorno con rotulador negro.
Me despedí de mi motivo tirándole una foto. Cuando la descargué en el ordenador vi que había salido movida. Así no era el momento que yo recordaba y el documento fotográfico en esta ocasión, fracasó.