El domingo estuve pintando en Villalobón, un pueblo de Palencia porque se celebró el I concurso de pintura rápida.
Al buscar el motivo, una tapia con una puerta metálica verde fue lo que me atrajo. Lo demás es de receta: un fondo naranja y azules en las sombras.
Al decidir la posición del cuadro, me gustaba la sensación de profundidad que podía dar la calle de la izquierda en una perspectiva que subía y te introducía en el pueblo. Por eso, apaisado recogía esta calle que serpenteaba hasta el cogollo del Villalobón.
La iglesia en lo alto, en este tipo de concursos, se convierte en algo simbólico difícil de evitar.
Un día oleoso en Tierra de Campos.
Éste es el encaje del cuadro con ceras diluidas con aguarrás.








